Este sábado, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, compareció en La Moncloa para explicar las medidas a tomar ante el COVID-19. Y todo apunta a que queda una larga travesía antes de retomar la vida prepandemia, pues «la victoria total solo llegará con la vacuna o con un tratamiento eficaz que se va a demorar unos meses».

Hasta entonces, el objetivo primordial es lograr un descenso en la curva de contagios y controlar la difusión del virus. A partir de ahí, se abrirá un escenario de transición hacia una «nueva normalidad social y una reconstrucción económica», donde, simultáneamente, se deberán extremar las precauciones para evitar rebrotes, siendo fundamental la protección individual y colectiva, así como la detección y atención de los nuevos contagiados. Adicionalmente, se pondrán en marcha «iniciativas tecnológicas de control y de seguimiento de la epidemia», aunque no proporcionó detalles al respecto.

Desde mi perspectiva, resulta inquietante la notificación de «iniciativas tecnológicas» sin más información. Me pregunto si los «smartphones» serán claves en este proceso y si serán esenciales para moverse por la calle y/o para acceder a determinados establecimientos. En China se puso en marcha un sistema de control mediante una «app» que restringe los movimientos de las personas en función de varios parámetros, y, aunque puede resultar útil, es preocupante la gestión de la privacidad y el rumbo que se seguirá una vez pase definitivamente la pandemia, puesto que no hay que olvidar que este tipo de control puede sentar un peligroso precedente. En tiempos de paz y rutina no pensamos en el enorme poder que hemos otorgado a nuestros dispositivos móviles, pero es posible que lo lamentemos profundamente en tiempos excepcionales.

coronavirus nueva normalidad
Los Estados se han convertido en leviatanes con un poder descomunal y está por ver que cómo y de qué manera renuncian a él.

Por su parte, el estado de alarma será la tónica general durante un tiempo incierto. Con todo, no será estático, pues las medidas cambiarán en función de la eficacia y del grado de cumplimiento, relajándose o tensándose. Por lo pronto, los trabajadores afectados por el permiso retribuido recuperable volverán a sus puestos de trabajo tras el 9 de abril, pero, en cualquier caso, lo primordial será evitar un repunte de la pandemia, por lo que el Gobierno tendrá las «antenas puestas para reaccionar cuanto antes a la mínima expresión». Aunque esta postura sea lógica, no deja de suponer una inseguridad social extrema, puesto que ciertas libertades podrían perderse y recuperarse de una semana a otra. De este modo, todo cuanto creíamos asegurado hace no mucho tiempo yace en un limbo a merced del virus.

Respecto a las relaciones sociales y laborales, las empresas y los trabajadores deberán tomar las medidas de higiene oportunas para garantizar la seguridad y la salud. Así, la higiene personal tomará un lugar privilegiado en la vida de las personas, y aunque pueda sonar positivo, téngase en cuenta que afectará a los vínculos y a las expresiones de cordialidad, cariño y amor de nuestra sociedad. Sánchez mencionó que se puede «hablar en vez de tres centímetros, como antes, a un metro», una declaración espeluznante en cierto sentido, pues, aunque ciertamente es posible comunicarse de esta manera, el impacto en las relaciones es estratosférico. En un momento de la rueda de prensa, el presidente afirmó que «nuestra sociedad hoy ya no es la de hace tres semanas; será también muy distinta cuando terminemos con el estado de alarma definitivamente dentro de unas semanas. Y eso no significará que seamos peores, al contrario, estoy convencido de que vamos a ser mucho mejores, mucho más fuertes, mucho más resilientes y, sin duda alguna, vamos a salir mucho más unidos». Personalmente, no dudo del fortalecimiento de la sociedad, pero sí de que lo que viene es mejor que lo que había, pues puede tratarse de un extraño mundo de temores, desconfianza y enfriamiento social.

¿Será necesario portar mascarillas y geles desinfectantes? Aunque Sánchez no respondió a esta cuestión expresamente, sí dijo que las autoridades garantizarán el material y controlarán los precios, lo que da a entender que lo será. De esta manera, imágenes propias de algunos países de Asia se trasladarán a nuestras ciudades y pueblos.

Por otro lado, me genera un fuerte desasosiego cómo trató Pedro Sánchez el asunto de la deuda. Reconoció que España iba a tener que endeudarse fortísimamente para capear la crisis económica, hasta el punto de mencionar que se detraerán —es decir, restarán o sustraerán— recursos económicos de las «generaciones que están por nacer», que se compensará con inversiones en educación y para hacer frente al cambio climático. Es decir, no es solo que se pase la patata caliente a personas nonatas, sino que puede estallar antes de lo que se piensa; recuérdese la crisis de deuda soberana de la eurozona que estuvo cerca de llevarse por delante el proyecto común.

Adicionalmente, el presidente reiteró que «España no va a renunciar a los eurobonos», ya que estima que la crisis económica y su impacto en las cuentas públicas tiene que ser «comunitarizada». Por tanto, aunque celebró el alumbramiento de un fondo de desempleo europeo o el establecimiento de líneas en el mecanismo de estabilidad económica sin condicionalidad, no cejó en el empeño de los eurobonos. El tema de la emisión de deuda pública colegiada entre los países de la eurozona es sumamente espinoso, pues choca con los puntos de vista de Países Bajos y Alemania. Dudo que se logre —al menos, en los términos que quieren España e Italia— y, además, se ha de tener en cuenta que el déficit público de España de 2019 fue superior a lo previsto por el Gobierno, como dio a conocer hace unos días el INE, lo que daña la posición negociadora del país en un momento tan crítico. Como derivada de esta situación, ¿está la Unión Europea en riesgo? Posiblemente. De hecho, el presidente dijo que la organización supranacional se halla ante «un punto de inflexión, del que no se sabe su dirección, que dependerá de la respuesta».

En cuanto a la digitalización, Sánchez remarcó su importancia en estos momentos difíciles, ya que con ella se puede teletrabajar y garantizar la educación. Aunque la educación a distancia no es, a mi parecer, el mejor método de enseñanza, sí creo que este teletrabajo forzado por las circunstancias puede ser una experiencia sumamente positiva. Es posible que las empresas lo trasladen a la rutina de trabajo habitual, contribuyendo con ello a una mejor calidad de vida —ya que el trabajador se ahorraría desplazamientos innecesarios— y a una mejor conciliación familiar. Del mismo modo, otro aspecto provechoso de la crisis sanitaria es una apuesta por el «autoabastecimiento»; es decir, la fabricación de determinados bienes —como mascarillas y guantes— por parte de empresas nacionales que garanticen una provisión mínima. En mi opinión, la desindustrialización que ha sufrido Europa, con el traslado de manufacturas y puestos de trabajo a Asia, ha sido demoledora para las economías y el sistema productivo; lo que, en última instancia, ha supuesto o, cuando menos contribuido, a la aparición del «precariado». Consecuentemente, apoyo este discurso que aboga por un cierto restablecimiento industrial.

A nivel político, Sánchez abogó por unos nuevos Pactos de la Moncloa para relanzar y reconstruir la economía ante el «bestial» impacto del virus. Y pidió una reflexión: que la pregunta «¿qué pueden hacer los demás por mí?» se convierta en «¿qué puedo hacer yo por los demás?», en una clara referencia a la famosa cita de John Fitzgerald Kennedy «¿no preguntes qué puede hacer tu país por ti, sino qué puedes hacer tú por tu país».

El artículo de Gideon Lichfield que predijo las medidas de distanciamiento social que vienen

El 17 de marzo, tres días después de que en España se decretara el estado de alarma, Gideon Lichfield, editor en jefe de MIT Technology Review, publicó un artículo titulado «We’re not going back to normal», basado en un estudio del Imperial College, que concuerda con algunas cosas dichas por Pedro Sánchez.

En el mismo, Lichfield descarta un pronto regreso a la normalidad, pues previamente es fundamental el desarrollo de una vacuna o un tratamiento efectivo. Por consiguiente, estima que las medidas de distanciamiento social —aquellas que hacen caer el número de contactos interpersonales un 75 %— podrían apretarse y suavizarse en función del número de contagios y los ingresos en las unidades de cuidados intensivos (UCI). Así, los centros educativos abrirían o cerrarían —pasando a la educación a distancia— a lo largo del curso, y lo mismo ocurriría con los restaurantes, los gimnasios y otros establecimientos públicos. De esta forma, es posible que surja una «economía del confinamiento» y los gimnasios vendan equipos para el hogar y sesiones de entrenamiento «online», por ejemplo. Asimismo, cree que habrá menos viajes y más cadenas de suministro locales. Nótese como todo esto corresponde con los «sucesivos estados de alarma» o el potenciamiento de la industria nacional mencionado por Sánchez.

El artículo establece que se crearán unidades de respuesta a pandemias con capacidad de actuar rápidamente en la detección y contención de brotes, lo que coincide con la pretensión del Gobierno de España de aislar a los pacientes asintomáticos que den positivo en coronavirus en infraestructuras públicas y privadas. De igual modo, Lichfield considera que los cines se adecuarán al distanciamiento social, llenado solo la mitad de las salas, que las reuniones se celebrarán en espacios más grandes y que los gimnasios requerirán que los usuarios reserven con antelación sus sesiones de entrenamiento para no llenarse de gente. Es posible que haya una discriminación social y/o legal respecto a los no inmunizados —aunque está por ver hasta dónde llega la inmunidad frente a este virus— o no vacunados. Asimismo, podrían colocarse monitores de temperatura en la entrada de algunos edificios para evitar que personas enfermas generen nuevos brotes. Por tanto, la vigilancia intrusiva podría pasar a formar parte de nuestras vidas, aceptándola como un mal necesario.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here